Kangeiko 2008 fue una experiencia sin precedente.
Desde el asumir meses antes el compromiso de participar; ir pagando poco a poco, sacrificar algunas otras cosas para poder asistir, programar días libres en mi trabajo; pasar el mayor tiempo posible con mi novia, ya que el día que salimos de Guadalajara era su cumpleaños. En fin, detalles no propiamente de Kangeiko, pero sí que repercutían directamente.
Este entrenamiento fue sumamente importante para mi mas allá del aspecto físico, el cual en comparación con lo emocional y espiritual, queda en un plano mucho menos importante.
El enfrentarme a mis demonios, a mis miedos de tal manera fue sin lugar a duda difícil y al mismo tiempo fortificante. No puedo decir que vencí mis miedos, pero si puedo decir que los enfrente.
Con la ayuda y el cuidado no solo de Kenshi, sino de todos y cada uno de mis compañeros, Shibumi, Tsuju, Shinkei y Gerardo, pude experimentar algo que ni yo mismo sabia que me provocara tal miedo….Intentar nadar…jeje, lo sé, suena absurdo, pero para este humilde servidor es una prueba aun por superar y gracias a mis compañeros, a mi maestro y mi practica del BUDO…he dado por fin…mi primer paso.
La experiencia en la cascada fue algo sublime. Sentir el “abrazo” de la naturaleza con el agua helada y con el golpeteo inmisericorde de la cascada en mi espalda y cabeza me hicieron ver que para convivir con la madre naturaleza hay que hacerlo bajo sus propios términos. Escuchando la frase de Kenshi “…acepta el agua, entrégate a ella” fui relajando mi cuerpo y dejando de resistirme a sentir el frió. Minutos después ya no había frió, ya no dolía el agua, la cascada se convirtió de una golpiza a un masaje, el agua fría se convirtió en un abrazo cálido. Al día siguiente que regresamos a la cascada, la experiencia fue aun más relajante, aun cuando ese segundo día llegamos más temprano por lo que el agua debía estar más fría, pero yo no lo sentí así. Kenshi me dijo “…ya la aceptaste, tu cuerpo esta mas aclimatado” “… ¡ya la aceptase!”
La caminata de una cascada a la otra…caminata que realmente no supe cuanto duró, fue una experiencia muy peculiar. Si bien fue dolorosa sobre todo para mis pies (los cuales agradezco al Creador tener), lo que mas recordaré fue la gran colaboración que tuvimos todos. “Cuidado con las hormigas” “ aguas aquí con esas ramas” “ abeja en el piso…aguas” “toma mi chancla para que descanses” “cuidado de no resbalar” “apóyate en mi hombro” “dame la mano”….estas frases se escuchaba constantemente entre mis compañeros haciendo la caminata no solo un ejercicio de fortalecimiento físico sino también de trabajo en equipo, solidaridad y compañerismo.
La practica formal de Kata con hakama y keikogi en condiciones distintas al Dojo fue una lección muy importante. Desde las condiciones de la superficie del suelo, accidentada y algo filosa por el coral en la arena, los sonidos ajenos a aquellos en el Dojo en GDL, el viento, etc. Detalles técnicos salen a la luz muy fácilmente. El por qué se dan los paso de tal manera, por qué bajar la cadera, y otros detalles que supongo son específicos de cada uno de los que practicamos para lograr hacer la técnica adecuadamente se resaltaron enormemente, hicieron de estos momentos de practica formal una práctica de calidad y no de cantidad.
Resulta difícil identificar a un solo momento o experiencia como “la cereza en el pastel”. Tal vez el recibir el grado de Shodan? Importante, pero eso es más bien un reto, un aviso de que debo esforzarme más para merecer ese grado. ¿Hacer Kata en el mar? Un logro importante para mí, pero no suficiente, hay mucho trabajo por hacer.
En definitiva, la experiencia emblemática de este Kangeiko; para mí; fue la Kata Ikkikenko la cual guardaré y entrenaré con mucho cariño. A la par con esta Kata me quedo con una frase que nos repitió Kenshi y que me resulta igualmente emblemática de este Kangeiko… “el río (como la vida) sin las piedras (obstáculos) No tendría música”.
Doomo arigatoo gozaimashita Kenshi samma!!!
Jesús Ricardo Ortega
Juukyo
Budo Iaido Zen