KANGEIKO 2008

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Experiencia Ernesto KANGEIKO 2006

   En definitiva mi experiencia en Yelapa cambio la manera en que veo y percibo lo que me rodea y mis actividades diarias. Recuerdo una pregunta que nos hizo el maestro, el por que estudiaba Iai-do. Encontré una respuesta en el viaje. E estado retomado poco a poco el control de mi vida, mi estado de ánimo y salud física han mejorado y me siento en paz conmigo mismo. Además de sentir esa satisfacción de progreso que solo se produce con la practica diaria.

   Viajar siempre a sido para mi una aventura y sabia que esta seria una experiencia como ninguna. Siempre me ha gustado ir a  lugares en donde uno se puede olvidar aunque sea por pocos días de la rutina diaria y del caos de la ciudad  (sobre todo el tráfico, el smog, y el ruido). El echo que no hubiera autos, centros comerciales ni multitudes me pareció excelente. Al llegar a Yelapa estaba lleno de energía y me entusiasme al saber que entrenaríamos, poco después de nuestra llegada. Después del desayuno, camino a la cascada no sabia que esperar. No tenia idea de lo que haríamos ni de lo fría que estaría el agua. Al empezar a bajar al agua sentí la fuerza del viento que genera la caída del agua, y pensé “yyyy va a estar bien fría”. Por lo normal le saco al agua fría pero esa vez era diferente. Me tomo mi tiempo dejar de templar y  relajar mi cuerpo. Al estar bajo la cascada haciendo los movimientos que nos enseño Sergio, recuerdo que dijo que la cascada haría lo suyo y los movimientos serian más fáciles de hacer. Así fue. Siento que no aproveche en su totalidad la cascada, pero ya tendré otra oportunidad. Ciertamente la experiencia fue buena pero pienso que pude aprovecharla mejor. No quede enteramente satisfecho.

   El entrenamiento en el mar fue el más difícil en mi opinión, ya que las olas no me permitían tener un buen apoyo y la coordinación de los movimientos con los brazos se me complico. Poco a poco me fui coordinando mejor pero aun así fue difícil.  Estar preparado para cualquier tipo de entorno es una de las cosas que aprendí de este entrenamiento. En la cena hice lo que nunca creí que haría, que fue cantar. Al hacerlo sentí quitarme un peso, me dio confianza. Cuando fue hora de dormir la picada que nos dieron los zancudos me hizo darme cuenta de que no debo subestimar a los más chiquitos. Me preocupe tanto de las arañas y alacranes que pase por alto a los mas pequeños. En fin.

   A la mañana siguiente me desperté con mucho ánimo ya que lo que más quería era seguir con el entrenamiento. En el transcurso de la práctica de la mañana me di cuenta de que mi concentración mejora poco a poco ya que no me distraje por los pescadores ni curiosos, sino más bien me fije en mi entorno teniéndolos en cuenta sin que mi mente se concentrara en las personas. Desde chico mi mayor problema siempre fue que no ponía atención en clases por que cualquier cosa me distraía y mi mente se iba a otro lado, a fantasear o soñaba despierto. Después de intentar enfundar correctamente la katana (sin éxito) resulto obvio que tengo que practicar sino quiero estar comprando fundas.

   Mas tarde al encaminarnos hacia la selva me gusto la idea de hacerlo descalzo. Siempre que voy a una playa procuro no usar calzado para que mis pies se pongan en condición. El usar tenis diario los a echo blandos. Me gusta mucho caminar así que empecé la caminata con ánimo apreciando mis alrededores. El estar en contacto con la naturaleza de nuevo me anima y me da energía para seguir por mucho más tiempo. Al llegar al lugar en el rió donde entrenamos me pareció perfecto. Para mi era un escenario ideal en el que no hay casi ningún rastro de civilización. No se exactamente que fue lo que me hizo sentir tan bien pero solo se que me sentí en paz y con la mente muy despejada. Decidí regresar antes que todos por que me gusta caminar solo y de esa manera veo y pienso muchas cosas que acompañado no. Además quería practicar yo solo un rato antes de ir a comer. En el entrenamiento de nuevo en el mar me sentí un poco más confiado ya que sabía lo que me esperaba con las olas y tenia una mejor idea de las katas. Mi confianza de nuevo fue en aumento. Pero aun así me costo trabajo coordinar mis movimientos de manos con el de mis piernas al mismo tiempo que contaba. Pero poco a poco. Al hacer los movimientos dentro del mar sentí como el agua me ayudaba a hacer los movimientos más suaves. Realmente se tiene que sentir natural.
           
   Preferí el entrenamiento en la noche ya que tengo más energía y la luna creo un ambiente perfecto para entrenar. Terminado el entrenamiento me di cuenta de que estoy muy lejos de mi meta, pero el darme cuenta de eso me favorece. Nuestra larga platica sobre las auras y la energía me dio un enfoque diferente de la vida y todo lo que me rodea. Aun me falta mucho por ver y aprender, pero creo que voy por el camino correcto, con una mente más optimista y con la disposición de superarme DIA a DIA.
Sin mas que decir en resumen ahora si, Kangeiko me dejo una grata experiencia y me abrió la mente al menos un poco.

 

 

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